¿Para Habitar se debe De-Construir?

“Casa para tú habitar, y sierras cuantas puedas labrar”. Anónimo

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Por Karenina Díaz Menchaca

Desde que conocí esta propuesta de Jorge Fabián Castillo inmediatamente recordé la maravillosa prosa de Italo Calvino, en Las Ciudades Invisibles. La descripción fantástica de cómo habitamos en ciudades que tienen nombres, formas, colores, sabores, despeñaderos que se transforman en apetecibles caminos mágicos.

De la ciudad de Dorotea se puede hablar de dos maneras: Decir que cuatro torres de aluminio se elevan desde sus murallas flanqueando siete puertas del puente levadizo de resorte que franquea el foso cuya agua alimenta cuatro verdes canales que atraviesan la ciudad y la dividen en nueve barrios, cada uno de trecientas casas y setecientas chimeneas…

Lo habitable es lo próximo, lo que necesitamos desde la era de las cavernas, no sólo por el sentido de propiedad y de territorio, sino además se ha convertido en sinónimo de status, para bien o para mal. Somos mamíferos, en busca de un hogar en donde hacinarnos, en búsqueda de paz y de identidad.

La Deconstrucción no es un término fácil. A finales de la década de los 60, Jacques Derrida pone en la mesa este término del que ya hablaba en su momento Martin Heidegger Destruktiom (“que hay que entender no ya como mera destrucción, sino como «desestructu-ración para destacar algunas etapas estructurales dentro del sistema”. Sic [Cristina de Peretti]). Deconstruir, pues es perder la construcción. Entendiendo esto, ¿cómo podríamos preveer la propuesta fotográfica de Jorge Fabián Castillo? ¿Desde qué parámetros podríamos partir para comprender más a fondo su Habitar-Deconstruir?

Si todas las ciudades del mundo están sufriendo cambios, Barcelona es la ciudad que el artista nos apuntala como ejemplo de otras más. Todas se están Habitando y Deconstruyendo al mismo tiempo. Todas las ciudades están adoleciendo de cambios que no sabemos si soportará la tierra misma, es decir, la superficie que las sostiene. La tecnología contribuye en gran medida a esa aceleración de nidos humanos en los que habitaremos más temprano que tarde. Ciudades futuristas como Dubai que parecen salidas de un cuento de Clive Barker, y esos cielos que se nos presentan plomizos simplemente con la arenilla que divaga de un paraje a otro mientras las grúas y el montacargas trabajan sin parar, como si tuviesen vida propia.

Evidentemente la globalización también llegó a los paisajes urbanos, sobre todo a éstos. Esa igualdad que llegó sin avisar, y con peligro de pérdida de identidad. Si bien ya no somos las culturas prehispánicas, ni las griegas, ni las celtas, al menos queríamos abastecer a nuestra mirada de algo propio que existiera como único en UN LUGAR. Ahora las ciudades parecen igualarse con esta idea tan abstracta de Modernidad.

Sin duda, la propuesta del mexicano Jorge Fabián Castillo apuesta a una visión profunda y abierta sobre los cambios que está produciendo la obsesión de “construir” sin miramientos y además, hay que decirlo, a muy altos costos, porque para ello, se devastan ecosistemas, mientras que nuestros cerebros “algunos” parecen estar buscando lo mismo: Un lugar dónde habitar.

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