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Fotografía e IA ¿dónde está el límite?

¿Se puede considerar la imagen de apertura de este artículo una fotografía en todo su sentido? Sí, está creada con inteligencia artificial. Pero entonces… ¿Dónde está el punto en el que una imagen pasa a ser, o deja de ser, fotografía? No es una cuestión nueva; este debate ya surgió en los propios inicios de la fotografía.

Este texto nace, en realidad, de una reflexión interna sobre el uso de la IA en programación. El primer ejemplo iba a ser fotográfico, pero la idea fue creciendo hasta convertirse en este artículo.

A priori parece sencillo: distinguimos con claridad qué es fotografía y qué no lo es, especialmente cuando una imagen se genera directamente mediante IA. Sin embargo, en cuanto empezamos a hacernos preguntas y profundizar, ese límite se vuelve difuso. ¿Dónde termina la fotografía? ¿Dónde empieza la IA? ¿Y qué papel juega cada una en todo esto?

Las primeras cámaras eran completamente mecánicas (aquí mi amigo Juan soltaría un chiste sobre mi edad y los daguerrotipos…). Lo que salía del negativo, positivado sin más intervención, era la fotografía. Con la llegada de lo digital, el retoque empezó a formar parte habitual del proceso. Por simplificar, solemos pensar en Photoshop, aunque existan muchas alternativas. Y ahí aparece uno de los grandes debates: ¿hasta dónde es admisible el retoque?

Si reencuadramos una imagen para eliminar aire innecesario, ¿sigue siendo la misma fotografía? Si ajustamos el balance de blancos, parece aceptable. Si vamos un paso más allá y modificamos colores concretos mediante máscaras, también suele considerarse válido. ¿Y si enderezamos el horizonte? ¿O si aclaramos u oscurecemos zonas para dirigir la atención? ¿Dónde ponemos el límite?

La cuestión se complica más cuando entramos en acciones como clonar elementos, eliminar objetos molestos —una papelera, por ejemplo— o incluso borrar o duplicar personas. ¿Siguen siendo fotografía estas intervenciones?

Lo interesante es que muchas de estas prácticas no son nuevas. Ya en la era analógica se intervenía sobre negativos, se pintaba, se utilizaban máscaras en el positivado, se alteraban tiempos de revelado para modificar exposición o contraste. Es decir, la manipulación siempre ha estado presente. Entonces, si consideramos que todo lo que ocurre después del disparo es modificación, ¿qué pasa con lo que ocurre dentro de la cámara?

¿La fotografía “pura” sería entonces la obtenida con una cámara oscura, sin intervención alguna y con un positivado directo? Pero incluso ahí surgen dudas. Si utilizamos ayudas al enfoque, ¿eso es admisible? Hoy en día, muchas cámaras incorporan sistemas electrónicos que detectan ojos y ajustan el foco automáticamente. ¿Y si ese sistema utiliza inteligencia artificial? ¿Deja de ser fotografía por ello?

En ese caso, no estamos usando IA para generar la imagen ni para editarla posteriormente, pero sí para capturarla. Entonces, ¿por qué sería válido que la IA nos ayude a enfocar y no que nos ayude a mejorar la imagen después? ¿Dónde está ese punto en el que decimos “hasta aquí”?

Si le pedimos a ChatGPT que genere una imagen desde cero, como la de la apertura de este artículo, muchos dirán que eso no es fotografía. Otros quizá no lo tengan tan claro. Al final, la IA se basa en datos previos, en análisis de imágenes existentes, para crear una nueva a partir de nuestras indicaciones.

Aquí aparece otra diferencia interesante: podemos partir de una idea que tenemos en la cabeza y plasmarla mediante una cámara, con un objetivo y un sensor, o podemos describir esa misma idea con palabras y dejar que una IA la construya. ¿Son procesos tan distintos? ¿Deberíamos llamar a lo segundo de otra forma? ¿CGI, imagen generada o cualquier otra denominación?

Pero incluso así, para los más puristas, quizá tampoco sea fotografía lo que obtenemos hoy con una cámara moderna llena de automatismos que influyen en el resultado final. En determinados contextos, como el fotoperiodismo, las reglas son muy estrictas y apenas permiten modificaciones. En otros ámbitos, en cambio, el margen es mucho mayor.

Si partimos de una fotografía y utilizamos IA para modificar partes de la imagen, ¿es tan diferente de lo que hacemos con herramientas tradicionales de edición? ¿Hasta qué punto es válido? ¿Dónde están realmente los límites?

Puede que para algunos sea fácil definir qué es fotografía y qué no lo es. Pero conforme avanza la tecnología, esa frontera parece cada vez más difícil de trazar. Lo que hoy consideramos válido, quizá hace años no lo era. Y lo que para unos es aceptable, para otros queda completamente fuera.

Fotografía, pintura, arte, ciencia, computación… podemos llamarlo de muchas maneras. La inteligencia artificial está aquí, y probablemente no sea ni buena ni mala en sí misma. Es una herramienta, como un cuchillo: todo depende del uso que hagamos de ella.

Lo que sí parece claro es que seguiremos haciendo imágenes. Y que, al menos por ahora, no hay una respuesta definitiva a qué es exactamente una fotografía.

La gran duda es: ¿he escrito yo este artículo o lo ha realizado una IA? Pues no es muy difícil saberlo, pregúntame en los comentarios y yo mismo te contestaré, Carlos Longarela, no una IA.