La Diablada de Gaby Herbstein

La Diablada

Según la cosmovisión andina la Naturaleza, el Hombre y la Pachamama (Madre Tierra) viven en perpetua relación. Esa totalidad es, para la cultura andina, un solo ser vivo.

El Hombre es un alma y tiene una fuerza vital que está presente en las plantas, los animales, las montañas y en todas las corrientes de vida. Siendo que el hombre es la naturaleza misma no la domina ni pretende dominarla. Solo convive y existe como un momento en ella.

La diablada no es una comparsa, es mucho más que eso.

Sus objetivos tienen que ver con mantener viva la tradición que se realiza desde hace varias generaciones en la localidad quebradeña y con rescatar todo lo que hace a la cultura del disfraz del diablito.

Los disfraces se inspiran en la iconografía andina y en lo que nos contaban nuestros abuelos sobre el personaje mítico del diablo. Gatos, lobos, la serpiente, así como las visiones, sueños e historias pasadas y presentes, todo en lo andino, tiene un significado místico.

Todo se mezcla en las diabladas, todo vale a la hora de crear el traje que que cada uno de los diablos va a lucir durante los ocho días y nueve noches en los que transcurre el carnaval.

DIABLO NO ES UN DISFRAZ, ES UN SENTIMIENTO.
SER DIABLO ES UN PORTAL PARA DESPRENDERSE DE LOS ASPECTOS NEGATIVOS QUE SE REPRIMIERON DURANTE TODO EL AÑO.
SER PARTE DE LA DIABLADA ES ALGO QUE SE HEREDA DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN, LO MISMO QUE EL SENTIDO PROFUNDO DE SER UNO CON EL TRAJE. CADA AÑO EL TRAJE SE RENUEVA, ASÍ COMO TAMBIÉN SE RENUEVA LA PROMESA A LA PACHAMAMA Y EL AGRADECIMIENTO POR LOS TESOROS RECIBIDOS.

El diablo invierte hasta sus últimos ahorros para la confección de su traje, así como también se brinda él mismo. Horas y horas cosiendo en soledad dando vida a lo que será el personaje que lo liberará, por un tiempo, de preocupaciones y le brindará la oportunidad de ser felíz y hacer felices a los otros.

La revalorización de las culturas originarias y la reafirmación étnica, tal como se manifiestan actualmente entre los pueblos andinos, son una consecuencia de la toma de conciencia de miles de hombres y mujeres, que redescubrieron los tesoros que nos dejaron nuestros ancestros.

Gaby Herbstein